Irlanda y mi amigo Tom

Irlanda y mi amigo Tom

Por Silvia Corral

Mi vida en Irlanda no hubiera sido la misma sin haber conocido a Tom. Con un acento irlandés muy cerrado y difícil de entender en un principio, este trabajador de mi oficina con un corazón enorme se convirtió en uno de mis mejores amigos. A sus 60 años, derrocha espíritu joven por todos los poros de su piel. Prácticamente cada semana, organiza alguna excursión, o como él lo llama “an adventure”, para mí y otros jóvenes.

En mi primer fin de semana, Tom me llevó a un precioso parque en el corazón de la isla. Nos acompañaban Rut, española, y Péter, húngaro – ambos trabajaban con nosotros – . La belleza del lugar era abrumadora; sobre todo enamoraba por el verdor, por la tranquilidad y por el aire puro que allí se respiraba, y porque estaba lleno de gente andando en bici o paseando a su perro. Tom, además de ser el típico irlandés bonachón y bromista, conoce a muchísima gente. Alquilamos una bici al entrar en el parque y él no dejó de pararse a saludar a diferentes personas durante todo nuestro recorrido.

Después de dos horas andando en bici descubriendo diferentes lugares del inmenso parque, Tom condujo hasta un aeródromo de aeromodelos radiocontrolados. Nunca había estado en un lugar como aquel y fue una experiencia muy enriquecedora. Allí fue donde me percaté de la expresión estrella de Tom, repetida hasta la saciedad: “Absolutely!”. Y es que jamás podré conocer a una persona tan entusiasta y positiva ante la vida como Tom. Cuando tenga su edad, espero parecerme a él y conservar esa energía y esas ganas imparables de aprender.

El día terminó con Tom invitándonos a los tres a cenar en su casa, una vivienda en una urbanización a las afueras de la ciudad. Tras un rico salmón al horno y helado con frambuesas, los cuatro pasamos largo rato ‘arreglando el mundo’ sentados en el columpio del jardín. Aquel fue un momento muy feliz, uno de los primeros de cientos que he acumulado desde que llegué a Irlanda, pero es especial porque allí sentada me di cuenta de que marcharme a esa verde isla había sido una buenísima decisión.

Jamás olvidaré el coche de Tom, con su música irlandesa alternada con canciones del Pink Floyd mientras él conduce sonriente. Y esta es solo una parte de mi historia, la historia de cómo Irlanda cambió mi vida.

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