Irlanda y el hurling

Irlanda y el hurling

Por Silvia Corral

Toda la vida he sido aficionada al fútbol. Entre mi padre y mi padrino, criaron una fan acérrima del Dépor, el equipo de mi ciudad. Quizá por esto crecí interesándome por diversos deportes: hice judo, practiqué bádminton, veía los JJOO hasta las tantas de la mañana… Por eso, cuando me propusieron asistir a un partido de hurling, no lo dudé.

No sabía nada sobre el hurling, uno de los deportes más importantes de Irlanda junto con el fútbol gaélico, y por ello me informé de lo básico que había que saber: número de jugadores sobre el campo, puntuación,… Sonaba emocionante y muy diferente a cualquier deporte que hubiese practicado o visto antes.

Y así llegó aquel sábado en el que Kilkenny y Galway luchaban por una plaza para jugar la final de Copa contra Dublín, ya clasificada. Para sumarle emoción, ambos equipos ya se habían enfrentado una semana antes y habían empatado, por lo que el partido debía repetirse y la tensión era máxima.

Lo primero que me sorprendió fue el buen rollo que se respiraba en las gradas. Ambas aficiones mezcladas, compartiendo bromas, piques, risas. Eso es algo que en La Liga Española de Fútbol es difícil de ver, sobre todo en partidos de alta tensión como era aquel entre Kilkenny y Galway.

Fue alucinante. Pensé que sería algo aburrido o tedioso, pero fue todo lo contrario. El hurling es un juego rápido en el que no puedes perderte detalle porque en un segundo todo cambia. Me contagié de la pasión que se respiraba a mi alrededor y acabé pidiendo casi a gritos más puntos para Kilkenny.

El partido terminó con derrota abultada de Galway, quienes acusaron el esfuerzo del partido de la semana anterior. Y ahí, al final de todo, fue cuando viví lo más bonito de este deporte: tras el pitido del árbitro, ambas aficiones se echaron al campo y se mezclaron con los jugadores, pidiendo fotos, autógrafos y camisetas. Esto sí que es prácticamente inviable en el fútbol español, por lo que a pesar de ser mi primer partido, yo también me lancé al campo y logré alguna que otra foto. ¡Incluso salí junto a un jugador y otra chica en el periódico de Kilkenny!

Fue una tarde preciosa en la que tanto las chicas con las que fui al partido como yo nos quedamos prendadas del hurling y de cómo lo viven los irlandeses. Y ésta es solo una parte de mi historia, la historia de cómo Irlanda cambió mi vida.

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